Familias desplazadas de San Juan Mazatlán, en la región Mixe, llevan varios días acampadas en el Zócalo de Oaxaca. Salieron de sus casas por un conflicto agrario que nadie ha resuelto y llegaron a la capital a exigir lo que debería ser obvio: poder volver.
La tensión escaló cuando retuvieron temporalmente a funcionarios del gobierno estatal. No como método de negociación favorito, sino como señal de desesperación de gente que lleva semanas esperando una respuesta que no llega.
Comunidades indígenas desplazadas por la tierra, plantadas en el centro de la ciudad, reteniendo servidores públicos para que alguien los escuche. En Oaxaca, eso no es una nota de ocho columnas. Es el estado fallando a su gente en tiempo real.

