La Guelaguetza 2026 ya tiene fechas: 20 y 27 de julio, dos funciones diarias, delegaciones de los 16 pueblos originarios. La maquinaria turística arrancó y el gobierno de Jara presenta el evento como el orgullo cultural de Oaxaca.
El problema está en los números. La preventa —para tarjetahabientes del banco patrocinador— pone el Palco A en mil 476 pesos y el B en mil 166, sin contar cargos por servicio. En venta general desde el 1 de junio sube a mil 632 y mil 321. En una entidad donde más del 60% de la población vive en pobreza, comprar un boleto para la «fiesta de todos» es un lujo que la mayoría no puede pagar.
Las delegaciones indígenas que protagonizan la Guelaguetza viajan horas, ensayan meses y representan culturas que el Estado lleva años folklorizando para la foto turística. Ellas no cobran lo que cuesta un boleto en el Palco A.
La Guelaguetza es hermosa y es un patrimonio que vale la pena. Pero cuando el acceso al Auditorio depende del banco con el que pagas, ya no es una fiesta popular: es un espectáculo para visitantes.
¿Cuándo fue la última vez que una familia oaxaqueña de clase trabajadora entró al Auditorio sin rifársela económicamente?

