*Mientras el país invierte millones para recibir el Mundial, miles de escuelas públicas siguen sin infraestructura mínima y con un modelo educativo incapaz de revertir el rezago que golpea con fuerza a estados como Oaxaca
Ana Luisa Cantoral.— México no puede darse el lujo de adelantar el cierre del ciclo escolar cuando vive uno de los momentos más graves de rezago educativo de las últimas décadas.
Y tampoco puede fingir que dos semanas de “reforzamiento académico” resolverán un problema de fondo que mantiene a millones de estudiantes aprendiendo menos, leyendo peor y abandonando habilidades básicas como lo es matemáticas y comprensión lectora.
El anuncio del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU) para concluir clases el próximo 5 de junio, bajo el argumento de la ola de calor y la organización logística rumbo al Mundial 2026, vuelve a colocar sobre la mesa una realidad grave como lo es el sistema educativo mexicano que sigue parchando emergencias mientras evita discutir el fondo del problema.
El país ni necesita ajustar el calendario, sino más bien una nueva estrategia nacional de enseñanza y aprendizaje.
La medida establece además que las labores administrativas concluirán el 12 de junio; que docentes regresarán el 10 de agosto para Consejo Técnico Escolar, y que del 17 al 28 de agosto se aplicará un periodo de reforzamiento previo al inicio del ciclo 2026-2027, programado para el 31 de agosto.
Pero reforzar contenidos durante dos semanas no resolverá un modelo que desde hace años viene mostrando señales de agotamiento.
México llega a esta decisión cargando cifras alarmantes, ya que de acuerdo con resultados internacionales de la prueba PISA de la OCDE, el país se mantiene por debajo del promedio mundial en matemáticas, lectura y ciencias. Millones de estudiantes presentan dificultades para comprender textos básicos y resolver operaciones elementales.
El problema es todavía más profundo en Oaxaca, una de las entidades con mayores índices de pobreza y rezago educativo del país.
Datos oficiales ubican a Oaxaca entre los estados con más bajo rendimiento escolar, mayor abandono educativo y altos niveles de analfabetismo funcional, es decir, personas que saben leer y escribir de manera básica, pero no comprenden plenamente lo que leen ni pueden aplicar conocimientos en su vida diaria.
La discusión debería centrarse únicamente en qué tanto están aprendiendo los estudiantes mexicanos dentro de las aulas.
Y es que, mientras otros países están fortaleciendo enseñanza digital, pensamiento crítico, comprensión científica y capacitación permanente para docentes, México continúa atrapado en debates administrativos, marchas, bloqueos y suspensión de clases.
El contraste muestra a un país que inverte miles de millones de pesos para recibir el Mundial 2026, mejorar estadios, infraestructura urbana, movilidad y promoción turística internacional, pero al mismo tiempo, miles de escuelas públicas siguen sin ventilación adecuada, sin acceso continuo a agua potable, sin internet y, en muchos casos, sin condiciones mínimas para soportar temperaturas extremas.
La ola de calor exhibió la crisis educativa y al mismo tiempo, también dejó en evidencia que el país sigue sin construir una estrategia educativa de largo plazo capaz de responder a los desafíos reales de esta generación.
El país necesita actualizar programas de enseñanza, profesionalizar y capacitar permanentemente a maestras y maestros, fortalecer comprensión lectora desde educación básica y garantizar infraestructura digna en todas las escuelas.
Necesita convertir la educación en prioridad nacional real y no solo en discurso.
Mientras México se prepara para ser sede del espectáculo deportivo más grande del planeta, millones de niñas y niños siguen esperando lo básico, aprender bien.

