La Secretaría de Turismo (Sectur) del estado presume que la Guelaguetza 2026 dejó una derrama económica de 652 millones de pesos y la llegada de 146 mil 414 turistas entre el 17 y el 27 de julio, con una ocupación hotelera acumulada del 79%. Esa satisfacción oficial se sostiene, en parte, en encuestas de apenas 350 personas con un muestreo no probabilístico por conveniencia, que no aclaran a dónde va realmente ese dinero: si se queda en las cadenas hoteleras trasnacionales y plataformas como Airbnb, o llega a los negocios locales.
La versión de los comerciantes es otra: la Asociación de Hoteles y Moteles reportó apenas 38% de ocupación, el nivel más bajo desde la pandemia, muy lejos del 79% que presume el gobierno estatal. El PRI ya cuestionó las cifras oficiales de turismo y exigió transparentar el verdadero impacto económico.
La brecha entre ambas versiones no se limita a los hoteles: comerciantes de Antequera reportan ventas hasta 60% por debajo de la edición pasada, y el golpe alcanza también a restaurantes, taxistas, guías de turistas, mercados, artesanos y productores que abastecen a la industria alimentaria.
Los comerciantes describen al turista de esta edición como uno «de paso»: llega, toma la foto y sigue de largo rumbo a la Costa, sin dejar derrama en la capital.
Entre el boletín optimista de Sectur y la caja registradora vacía de los negocios locales, la pregunta de siempre vuelve a quedar sin respuesta: ¿a quién le sirve realmente la fiesta más grande de Oaxaca?

