El Congreso del Estado de Oaxaca tiene un presupuesto anual de 635 millones de pesos para 42 diputados, lo que representa 15.1 millones de pesos por legislador al año. Con esa cifra, Oaxaca ocupa el tercer lugar nacional en gasto legislativo, solo por detrás del Estado de México y Baja California.
Los 32 congresos locales del país cuestan en conjunto 18 mil 380 millones de pesos anuales, equivalente a 50.3 millones de pesos diarios, según datos del análisis publicado esta semana por Dossier Político y SinLínea.
La paradoja es evidente: Oaxaca tiene el tercer congreso más caro del país, pero también uno de los índices de pobreza más altos de México. El estado tiene hospitales sin medicamentos, comunidades sin agua potable y escuelas sin mantenimiento, mientras el Poder Legislativo garantiza 17 millones de pesos anuales por cabeza.
Entre los municipios más importantes de Oaxaca —Tuxtepec, Salina Cruz, Tehuantepec— hay presidentes municipales que no pueden explicar en qué gastaron sus recursos. Mientras tanto, en el Congreso, el presupuesto fluye sin mayor cuestionamiento.
La oposición ha rechazado cualquier recorte al gasto legislativo, argumento que, en el contexto de Oaxaca, resulta difícil de sostener ante una ciudadanía que no ve reflejado ese gasto en servicios ni en bienestar.

