Defender la salud le costó el trabajo. El doctor Ovidio Pineda Castillo, con más de 32 años de servicio, fue destituido como director del Hospital IMSS-Bienestar de Juchitán tras negarse a recibir medicamentos a punto de caducar y alzar la voz sobre el colapso del nosocomio.
Su salida ocurre en medio de una crisis sanitaria que arrastra más de 10 meses, con un hospital prácticamente inoperante: quirófanos cerrados, laboratorio inservible, equipo dañado y un abasto de apenas 20% en medicinas.
Pineda había hecho públicas estas denuncias, evidenciando además la falta de personal médico especializado y las condiciones insalubres en las que se atiende a los pacientes.
Tras su despido, el doctor acusa represalias institucionales por no quedarse callado. “Aquí se castiga a quienes defienden la salud y la dignidad de los pacientes”, lamentó.
Este caso desnuda la profunda crisis del sistema IMSS-Bienestar en Oaxaca, uno de los estados más pobres del país, donde la precariedad en los hospitales es norma y donde, al parecer, levantar la voz es un delito.

