Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano murió el miércoles 28 de octubre en la Ciudad de México, a los 92 años. Hasta ahora no se ha informado la causa. Se va uno de los políticos que más cambió la forma en que los mexicanos votan.
Hijo del general Lázaro Cárdenas, fue senador y gobernador de Michoacán antes de romper con el PRI en 1987. Un año después encabezó el Frente Democrático Nacional y su candidatura sacudió al régimen en la elección presidencial de 1988, la de la «caída del sistema».
De ese movimiento nació el PRD, en 1989. Cárdenas fue tres veces candidato presidencial (1988, 1994 y 2000) y en 1997 se convirtió en el primer jefe de Gobierno electo de la capital del país. Esa victoria fue una de las piezas que abrieron el camino a la alternancia.
La noticia unió, por una vez, a Morena, PRI, PAN y Movimiento Ciudadano en el pésame, y la presidenta Claudia Sheinbaum lamentó su muerte. Cuando el homenaje es de todos, vale preguntar qué parte de su herencia sí se está cuidando.
Cárdenas no fue de los políticos que hacen ruido. Su apuesta fue por las urnas, las instituciones y el voto que cuenta. Hoy, con un órgano electoral que acaba de quedarse sin presidenta, esa herencia no es solo historia.
La pregunta que deja su muerte es incómoda: ¿se le recordará con coronas y discursos, o con árbitros electorales fuertes y una oposición que pueda competir de verdad?
Foto: EneasMx / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
