Oaxaca cerró el 26 de mayo con al menos cinco homicidios, incluyendo un triple asesinato —dos mujeres y un hombre con señales de tortura— hallados en un camino de terracería entre las comunidades de Galería y Nueva Patria, en San Miguel Soyaltepec. En paralelo, la FGR incineró en el Astillero de Marina de Salina Cruz más de dos toneladas de clorhidrato de cocaína, evidencia directa de que el narcotráfico opera con fuerza en el estado.
Los operativos queman cocaína; los crímenes siguen sin resolverse. Las cifras son contundentes, pero la pregunta que queda flotando es la misma: ¿cuántos días así hacen falta para que la seguridad deje de ser nota de segunda plana y se convierta en política pública de verdad?

