En cuanto la policía y el aparato municipal se concentraron en blindar el Auditorio Guelaguetza por la visita de Claudia Sheinbaum, cientos de comerciantes ambulantes invadieron y tapizaron de mercancía el Zócalo capitalino y la Alameda de León.
El piso de cantera verde quedó cubierto de lonas, mecates y puestos tubulares con ropa y piratería, en zonas peatonales pensadas para el turismo y la ciudadanía.
Comerciantes establecidos del Centro Histórico y vecinos denunciaron competencia desleal y abandono total de la autoridad municipal.
El supuesto «reordenamiento del Centro Histórico» es pura simulación: basta una distracción del gobierno —una marcha, un evento político— para que el Zócalo vuelva a ser un tianguis sin ley. La pregunta de siempre: ¿quién manda realmente en el Centro de Oaxaca?

