Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum presentaba su informe en el Auditorio Guelaguetza, rodeada de funcionarios y acarreados, afuera se desató una batalla campal sobre la carretera del Cerro del Fortín, a la altura del Hotel Victoria.
El magisterio de la Sección 22, que marchó desde Fonapas para exigir respuesta a sus demandas pendientes, chocó contra un cerco de vallas metálicas, empleados del gobierno estatal y presuntos agremiados de sindicatos transportistas afines al oficialismo. Hubo empujones, golpes y pedradas hasta que los maestros derribaron las vallas y avanzaron hacia el auditorio.
La escena más surrealista: la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, tuvo que bajar a pie de carretera a negociar con la lideresa seccional Yenny Pérez Martínez, mientras a metros de ahí volaban piedras. Rosa Icela dijo a los medios que «están en su derecho de manifestarse y hay buena relación».
Adentro, la pasarela de aplausos y autoelogios del poder; afuera, piedras y grupos de choque para contener a los maestros. La contradicción de un gobierno que presume diálogo mientras usa esquiroles para blindar el evento de la presidenta.

