Ante las inquietudes de vecinos y de la asociación «Amigos del Centro Histórico» por la instalación de una zona de calistenia en el Paseo Juárez «El Llano», el alcalde Ray Chagoya optó por el camino correcto: sentarse a escuchar antes de seguir adelante.
El munícipe se reunió con los inconformes, recogió sus propuestas y se comprometió a valorar junto con ellos el mejor uso del espacio. Es una señal de apertura política que vale la pena reconocer: no todos los gobiernos están dispuestos a pausar una obra para escuchar a su gente.
El fondo del reclamo vecinal tiene razón de ser: Oaxaca de Juárez necesita arreglos puntuales, mantenimiento y espacios bien aprovechados — no proyectos que terminen siendo un desperdicio de recursos o que generen más fricción de la que resuelven.
El mensaje es claro para el resto de la administración municipal: cuando el gobierno dialoga a tiempo con la ciudadanía, se evitan conflictos mayores y se construyen mejores acuerdos. El Llano puede convertirse en un ejemplo de cómo debería resolverse el urbanismo en la capital: con la gente, no a pesar de ella.

