Desde este lunes, la Central Camionera —junto a la Central de Abastos— empezó a operar como el nuevo punto de ascenso y descenso para los taxis foráneos que llegan a la capital desde los Valles Centrales. Es la segunda etapa del reordenamiento del transporte que impulsa la Secretaría de Movilidad (Semovi), pero no todos están contentos con el cambio.
Para el gobierno estatal, la central ofrece transporte multimodal: con 170 cajones de estacionamiento, conexión con transporte concesionado, BiniBus y taxis foráneos hacia Tlacolula, Ocotlán, Zimatlán y otras regiones. También se mantiene un espacio en Zaguayo para otras rutas, con 40 cajones más.
Pero usuarios y conductores ven el panorama distinto. Acusan que la nueva ubicación, alejada del centro, los deja a merced de la delincuencia. «Es como meternos a la cueva del lobo», resumen. Las quejas: falta de iluminación, ausencia de sombra y una vigilancia prácticamente nula en el estacionamiento.
Además, los conductores reportan que ahora pagan 150 pesos diarios por cajón —unos 4 mil 500 pesos al mes—, un gasto que antes no tenían. Mientras, los pasajeros deben caminar largos tramos para abordar su taxi, lo que multiplica el riesgo.
El proyecto, parte del programa Sicarú Lula’ Linda Oaxaca, busca sacar del Centro Histórico a los mil 300 taxis foráneos que operaban ahí sin concesión para hacerlo. La siguiente fase, prevista para el 15 de julio, moverá también las terminales de transporte federal de la Costa, el Istmo y la Mixteca.
Hasta ahora, Semovi no ha respondido a las quejas de usuarios y taxistas. La pregunta es si el reordenamiento realmente mejora la movilidad o solo cambia el problema de lugar… y deja a la gente más expuesta que antes.

