Oaxaca de Juárez, Oax. Bastaron unos minutos de lluvia intensa para exhibir nuevamente las enormes carencias de infraestructura que arrastra la capital oaxaqueña. El Centro Histórico, la zona del COBAO, Pueblo Nuevo y diversas colonias terminaron bajo el agua, con calles convertidas en auténticos ríos, viviendas afectadas y un caos vial que se ha vuelto una escena repetitiva cada temporada de lluvias.
Lo más preocupante es que esta situación ocurre después de años de obras públicas, anuncios de modernización y millonarias inversiones que, en teoría, debían mejorar las condiciones urbanas de la ciudad. Sin embargo, la realidad demuestra otra cosa: a la primera tormenta fuerte, Oaxaca colapsa.
Mientras las autoridades presumen banquetas renovadas, fachadas pintadas y nuevas capas de asfalto, los problemas de fondo permanecen intactos. Drenajes saturados, alcantarillas insuficientes y sistemas pluviales obsoletos siguen siendo la verdadera cara de una ciudad que parece gobernarse más para la fotografía que para resolver los problemas reales de sus habitantes.
Las inundaciones de ayer vuelven a plantear una pregunta incómoda: ¿cuántos millones se han invertido en obras que lucen bien en el discurso oficial pero que no resisten ni una tarde de lluvia? Porque mientras el gobierno apuesta por el maquillaje urbano, la naturaleza sigue recordando dónde están las verdaderas fallas.

