El planeta lleva semanas encendido y no hay señales de que el fuego vaya a apagarse pronto.
En Medio Oriente, los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá en el sur del Líbano se mantienen activos mientras Irán lanza su propia advertencia: si los ataques israelíes continúan, pueden olvidarse de las conversaciones sobre el programa nuclear. La tensión en el Estrecho de Ormuz — por donde transita una parte crítica del petróleo mundial — ya empieza a golpear los precios internacionales de los energéticos. Lo que pasa allá, se siente acá.
En Ucrania, Rusia lanzó una nueva oleada de misiles y drones — 73 misiles y 656 drones — contra Kiev, Dnipró, Járkov y otras ciudades, dejando al menos 22 muertos. Putin declaró que el conflicto «entró en una nueva etapa» — lo cual suena a escalada, no a acuerdo. Zelenski, por su parte, volvió a extender la mano a Estados Unidos y Europa pidiendo más apoyo para sus sistemas de defensa aérea.
Dos guerras, sin fin a la vista, con el mundo como espectador cada vez más impaciente.

