Las carreteras de Oaxaca volvieron a ensangrentarse. Un choque en la Transístmica con un autobús OCC de la empresa ADO involucrado dejó al menos seis personas fallecidas en uno de los accidentes más graves de las últimas horas, en el municipio de Matías Romero Avendaño, en el Istmo de Tehuantepec.
Pero no fue el único. En el Istmo de Tehuantepec y en distintos tramos del estado se registraron volcaduras, choques múltiples y, para empeorar el panorama, episodios de rapiña tras los siniestros — una práctica que ya se ha vuelto alarmantemente común.
Las autoridades repiten el llamado de siempre: precaución, cuidado, atención. El problema es que el llamado lleva años sonando y las carreteras siguen deterioradas, el transporte sin supervisión real y las estadísticas de muertos sin bajar.
Oaxaca necesita algo más que comunicados: necesita carreteras dignas y un sistema de transporte que no juegue con vidas.

