La CNTE-Sección 22 confirmó lo que venía anunciando: paro indefinido a partir del 25 de mayo, con adhesión al paro nacional del 1 de junio. El detonador inmediato es el aumento salarial del 9% que el gobierno federal ofrece y que el magisterio rechaza por insuficiente. Pero el pliego es más largo: derogación de la reforma educativa, revisión del sistema de pensiones, condiciones laborales, materiales. No es solo el número del cheque; es la acumulación de años de negociaciones que terminan igual.
El gobernador Salomón Jara respondió con una postura que parece generosa pero que, mirada de cerca, no compromete nada: «respetaremos el paro» y «presentaremos una nueva propuesta al magisterio». Respetar un paro es lo mínimo que puede hacer un gobierno que no quiere confrontación directa. Una nueva propuesta es exactamente lo que se ha prometido en cada ciclo de conflicto magisterial en los últimos veinte años.
El ciclo se conoce de memoria: anuncio de paro, bloqueos, afectación a alumnos, negociación, acuerdo parcial, tregua. Y vuelta a empezar. Los niños y jóvenes oaxaqueños son los que cargan el costo de cada ronda —días sin clases, aprendizajes interrumpidos, un calendario escolar que nunca termina en forma. Nadie en la mesa de negociación los representa.
La Sección 22 tiene razones históricas para desconfiar del gobierno federal y del estatal. El gobierno tiene razones políticas para no romper con el magisterio antes del Mundial. Entre esas dos conveniencias, los salones de clases se quedan vacíos.
¿Quién negocia por los alumnos cuando maestros y gobierno están negociando por sus propios intereses?

