Durante un acto en una planta de General Motors en Milford, Michigan, el presidente Donald Trump se burló el 27 de julio de cómo, según él, la presidenta Claudia Sheinbaum pronuncia el nombre de su propio país: «Méjijo».
«Me encanta que haya una presidenta muy amable en México; ya saben, es muy amable, habla maravillosamente y lo llama Méjijo», dijo Trump ante los asistentes, que respondieron con risas.
El mandatario estadounidense usó el momento para insistir en su discurso contra la relocalización de empresas automotrices hacia México: «Vamos a detener toda la actividad comercial que se traslada a Méjijo», afirmó, y remató diciendo que nadie entendía lo que les estaba diciendo.
Sheinbaum, que suele conservar la pronunciación en español de «México» incluso en intervenciones en inglés, no ha respondido públicamente a la burla.
Entre aranceles, revisiones del T-MEC y ahora burlas de pronunciación, la relación entre Washington y la Ciudad de México sigue moviéndose entre lo diplomático y lo humillante, casi siempre a conveniencia del inquilino de la Casa Blanca.

