Una célula delictiva opera en Oaxaca de Juárez y municipios conurbados robando camionetas Toyota Hilux y Tacoma en menos de cinco minutos, con inhibidores de señal y ganzúas electrónicas, en estacionamientos públicos y comerciales.
En paralelo, la Fiscalía dictó prisión preventiva contra tres integrantes de la organización ASAEO que operaban una supuesta barbería, en el límite entre la capital y Santa Lucía del Camino, que en realidad funcionaba como centro de distribución y almacenamiento de droga.
Los delitos de extorsión y fraude registran récords de denuncias en el estado, golpeando directamente a talleres, tienditas y comerciantes locales.
El discurso de que «Oaxaca es de los estados más seguros del país» choca con la calle: abrir un negocio significa arriesgarse al cobro de piso, tener una camioneta de trabajo es vivir con miedo a perderla en cinco minutos sin que las cámaras del C4 sirvan de nada, y las organizaciones sindicales siguen operando como fachada criminal al amparo del poder político.

