La guerra interna en Morena Oaxaca ya tiene nombre y apellido. Mariana Benítez Tiburcio, con décadas de trayectoria en el priismo más rancio, salió a cuestionar a Liz Arroyo y a descalificar posibles aspirantes como Susana Harp o Ivette Morán. Su argumento: en Morena no hay espacio para perfiles cuestionados por corrupción.
El chiste se cuenta solo.
Benítez le recordó a Arroyo que no tiene autoridad moral para ser árbitro de las candidaturas. Y tiene razón en el diagnóstico. Lo irónico es que ella misma viene de las filas que Morena tanto ha criticado, y ahora quiere repartir certificados de buena conducta.
No es un debate de principios. Es una pelea por el botín del próximo sexenio, y las dos están en eso. Antes de hablar de congruencia, convendría que ambas explicaran bien de dónde vienen y adónde quieren llegar.

