Claudia Sheinbaum llega a su primer informe de gobierno rodeada de cifras positivas y una aprobación ciudadana que roza el 80 %. Sin embargo, el contraste entre la percepción ciudadana y la realidad continúa siendo notorio: mientras el gobierno festeja una reducción de homicidios, casi el 70 % de los mexicanos aún se sienten inseguros en su entorno.
¿Dónde está la grieta entre datos y experiencia real?
- Bajas manipulatorias. Se presume una disminución del 25 % en homicidios dolosos, pero verificadores advierten que esas cifras obvian comparaciones justas y manipulan periodos no correlacionados.
- Maquillaje estadístico. Expertos, como la organización México Evalúa, alertan que ciertos homicidios se reclasifican como culposos o como otra categoría para reducir artificialmente las cifras.
- Percepción vs. realidad. A pesar de los decomisos, detenciones y operativos, la inseguridad cotidiana —robos, extorsiones, violencia de género— sigue sin ser atendida de manera efectiva. El gobierno celebra “mejoras” que la gente no percibe.
- Impunidad estructural. Reportes de Human Rights Watch revelan que 9 de cada 10 homicidios siguen sin resolverse, evidenciando fallas graves en las fiscalías y el sistema de justicia.
- Focos rojos que no bajan. Aunque hay números favorables a nivel nacional, estados como Sinaloa, Baja California Sur, Nayarit y otros han visto repuntes de violencia o están al borde de explotarse.
- Estrategia parcial e idealizada. La estrategia de «abrazos a cambio de balazos» fue sustituida por una prioritización de inteligencia y capturas importantes. Pero para muchos, siguen siendo acciones aisladas, sin un plan integral ni enfoque constante.
¿La narrativa oficial vive en el país de la felicidad?
Sí, los números pueden ser reales en ciertos contextos, pero no cuentan toda la historia. Entre el “informe perfecto” y la realidad fragmentada —gente sin seguridad, fiscalías ineficaces, delitos invisibles— queda claro que el informismo no sigue al pueblo, sino que lo oculta.
Al final, el reto no es reducir cifras en discursos; es que la seguridad deje de sentirse como un espejismo y comience a vivirse como algo tangible.

