La política mexicana volvió a dar un espectáculo lamentable. Ayer, en el Senado de la República, Alejandro Alito Moreno, líder del PRI, y el presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noroña, del PT, se enfrascaron en una riña de empujones, manotazos y hasta “zapes”, en un episodio que pareciera sacado de un sketch cómico más que de un parlamento serio.
El bochornoso incidente no solo refleja el nivel en el que se encuentra la política nacional, sino que también abre la puerta a sospechas: ¿de verdad fue un arrebato de ira o un montaje para distraer a la opinión pública?
Y es que, casualmente, Noroña ha estado en el ojo del huracán por sus gastos millonarios y por haber traicionado los valores de austeridad que tanto pregonaba cuando era opositor. Hoy, con lujos y excesos a cuestas, no parece el mismo político que un día criticaba al “sistema”.
En este contexto, el pleito con Alito Moreno luce más como un capítulo de Política Ficción que como una discusión seria. Ambos personajes, expertos en el espectáculo barato, ofrecen con sus shows un nuevo distractor mediático, mientras los problemas reales del país siguen sin respuesta.
Al final, los ciudadanos pagan los platos rotos de una clase política que prefiere los zapes a los argumentos y las peleas de pasillo a los debates de fondo.
DimePetri

